Nombre anglo-errático impuesto por un padre presumiblemente anti-angloparlante. Tengo 27 años y trabajar con adolescentes me permite diariamente diversas perspectivas del mundo: o el mundo importa nada y "vivo la vida loca" con lo cual soy un inmaduro total, o el mundo me importa tanto que "vivo pendiente de él" con lo que termino siendo un viejo en medio de una generación desconocida.
Y aunque el mundo es más simple de lo que pensamos, somos especialistas en complicarnos permanentemente la vida.